En el marco de su última reunión plenaria, la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur le entregó una plaqueta de reconocimiento a la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y a la uruguaya Sara Méndez, sobreviviente del centro clandestino de detención Automotores Orletti.
En la actividad estuvieron Víctor Abramovich, director del Instituto de Políticas Públicas de Derechos Humanos del Mercosur; Guillermo Enrique Friele, fiscal general de la causa "Orletti"; Jefferson Miola, coordinador de la Secretaría del Mercosur; Miguel Zayas, secretario general de la CNT; Rodolfo Aseretto del Comité de Iglesias; Samuel Pinheiro Guimaraes, alto representante del Mercosur y Ricardo Canese, coordinador de la Comisión de Entes Binacionales
Durante la actividad, el nuevo secretario general de la Coordinadora, Valdir Vicente dos Barros expresó la satisfacción de los sindicatos de la región al homenajear a personas que prestaron sus servicios a causa de una sociedad más justa.
“Homenajeamos a personas que pasaron por esa masacre y también a las Abuelas de Plaza de Mayo que tuvieron hijos que fueron secuestrados por los bandidos de esa época y no se sabe de esos niños que hoy son hombres y mujeres. Las Abuelas son heroínas que consiguieron recuperar a más de cien nietos”, resaltó el dirigente de la UGT de Brasil.
Abramovich, por su parte, agradeció a la Coordinadora por este acto y destacó el compromiso por seguir buscando la verdad y justicia con trabajadores que fueron víctimas de las dictaduras de la región. “El reclamo de justicia es una manera de hacer memoria colectiva”, señaló. Luego se proyectó un video sobre la reconstrucción como espacio de la memoria en el centro clandestino de detención Orletti, realizado por el Espacio Memoria, Verdad y Justicia.
Por su parte, el fiscal Friele detalló que están en curso muchos juicios penales y públicos contra los represores de la última dictadura militar argentina, muchos de ellos iniciados entre 2010 y 2011. El magistrado dijo que Orletti fue un centro clandestino por excelencia del Plan Cóndor, coordinado por todas las dictaduras de la región.
También mencionó el papel de la división de la Policía argentina denominada “de asuntos extranjeros” -y que perseguía a líderes políticos de Chile, Paraguay, Uruguay y Brasil- y de la Secretaría Inteligencia del Estado (SIDE).
Según Freile, quienes ejecutaban las órdenes integraban la tristemente célebre “patota de Aníbal Gordon”, que cuando terminó la dictadura siguió cometiendo secuestros extorsivos, atracos, asaltos y otros delitos. En total, según dijo, fueron trasladados a Orletti 34 uruguayos, 2 chilenos, 2 cubanos (diplomáticos secuestrados a dos cuadras de la embajada) y 2 bolivianos. “Tenemos que dar muestra de una justicia independiente, somos el primer país en el mundo en el que fueron juzgados por tribunales y fiscales nacionales”, agregó.
La uruguaya Sara Mendez, por su parte, dijo que en su país la lucha contra la impunidad no se podría haber sostenido sin el compromiso de la clase trabajadora. Méndez se lamentó porque en su país sigue vigente la Ley de Caducidad, que impide la investigación y el esclarecimiento de los hechos, y dijo que Orletti es un “caso emblemático” que ha servido para investigar, juzgar y romper el muro de impunidad.
Recordó además que en la madrugada del 13 y 14 de junio de 1976 hubo un secuestro masivo de uruguayos que estaban en Argentina y que luego fueron trasladados a Orletti, en un operativo conjunto entre fuerzas represivas de Argentina y Uruguay. “En vuelo clandestino somos trasladados y aparecemos como detenidos en Uruguay, durante cuatro meses estuvimos como desaparecidos, hasta que nos legalizan y fabrican la forma de nuestra entrada ilegal en el país”, continuó.
Para Méndez, hoy la democracia no repara en hechos tan graves como los que sucedieron hace un cuarto de siglo, y por eso los trabajadores organizados tienen que ser quienes “vayan constituyendo ese terreno”. Por último, Carlotto recordó cuando visitó un centro clandestino que está ubicado en pleno centro de la ciudad, y lo definió como “un lugar siniestro”. “Es la primera vez que veo algo tan monstruoso, uno piensa en un calabozo, horrible, pero tiene una estructura kafkiana, no tenia sentido, corredores, precipicios con escaleras sin destino, calabozos sin luz”, relató la referente de Abuelas de Plaza de Mayo.





