El secretario general de la Confederación Sindical de Trabajadores/as de las Américas (CSA), Víctor Báez Mosqueira, teme que los ajustes estructurales que promueven los países de la Unión Europea para enfrentar la crisis perjudiquen a los trabajadores como ya sucedió en América Latina y considera que los sindicatos europeos están “desconcertados” ante ese panorama inédito.
Afirma que las mayores vulnerabilidades de los derechos sindicales del continente están en Colombia y Guatemala (“los asesinatos de dirigentes son moneda corriente”), aunque también en países como Costa Rica, con gran “reputación democrática”, se registran dificultades para promover la sindicalización en el sector privado.
El sindicalista paraguayo estuvo los días 5 y 6 de julio en Montevideo, capital del Uruguay, para participar en un taller sobre las estrategias sindicales ante el trabajo precario, organizado por la Friedrich Ebert Stiftung (FES), y en ese marco conversamos sobre varios temas.
- ¿Qué balance hace de la Cumbre del G20 de Toronto?
- El G20 ha demostrado su voluntad de seguir adelante sin hacer modificaciones, lo cual consolida la continuidad del modelo neoliberal, le otorga un poder real a la supremacía del sector financiero y resucita al Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Lo hace sobre todo siguiendo los dictados del gobierno alemán, que llevará a Europa los ajustes estructurales y laborales que hemos vivido en América Latina durante veinte años. Y que nos ha traído tanto aumento de la pobreza y la desigualdad, por lo tanto si esas mismas recetas se aplican en Europa no darán resultados diferentes. A los trabajadores y trabajadoras europeos se les avecinan tiempo muy difíciles.
- ¿A que se refiere?
- Europa es hoy el continente más igualitario, pero de continuar en esta línea puede pasar a aumentar enormemente la desigualdad y las brechas sociales. Y eso tampoco nos sirve a los latinoamericanos, porque si tomamos los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como un piso, vamos a ver que los europeos están todavía, aunque se están viniendo abajo, en un primer piso (si los convenios fueran la planta baja, digamos), y nosotros todavía estamos en el sótano, tratando de subir. Entonces estamos nosotros tratando de subir y los europeos intentando no bajar, pero bajando. Y a nosotros nos conviene muy poco que los europeos que están en el primer piso bajen a planta baja, porque desde allí es muy fácil caer al sótano. Y en el sótano ya hay demasiada gente, y el aire es irrespirable. Ya no cabemos más y estamos en el esfuerzo por salir todos juntos. El movimiento sindical europeo es un aliado en potencia, pero hay que ver qué están planteando ellos, y por el momento los veo bastante desconcertados, a diferencia de nosotros, que estamos familiarizados con este escenario de los ajustes estructurales y las privatizaciones, y conocemos sus resultados.
- ¿Desconcertados en qué sentido?
- Básicamente como consecuencia de que nunca habían estado así en la historia reciente, y en este momento ellos enfrentan un riesgo. Es decir, Europa se puede “latinoamericanizar”, algo que podría ocurrir con esos ajustes. Nosotros con ellos, y es algo que le hemos dicho a la Confederación Europea de Sindicatos, ya no podemos seguir perdiendo el tiempo discutiendo si los Tratados de Libre Comercio (TLC) o los acuerdos de asociación, por ejemplo en el caso de Unión Europea y Mercosur, si tienen que llevar un capítulo socio-laboral para que sean aceptables para los trabajadores, o si tienen que tener fondos de cohesión. Lo que sí tenemos que discutir es el desarrollo, y ahí llegaremos a la conclusión que el formato de acuerdos comerciales que propone Europa son instrumentos del modelo neoliberal que van contra los intereses de los trabajadores. O discutamos cuáles son las inversiones más convenientes para el progreso de los trabajadores de ambos lados del Atlántico, o qué tipo de comercio conviene para el desarrollo. Porque nuestros países, sobre todo los del Cono Sur, continúan con un modelo de “reprimarización” de las exportaciones que no genera puestos de empleo decentes y no le hace bien a nuestras economías, aunque sí beneficia a los agroexportados, como los grandes sojeros.
- ¿Cómo evalúa el Segundo Congreso de la Confederación Sindical Internacional (CSI) de Vancouver?
- Fue una reafirmación de las líneas de trabajo de la CSI. Una de las mejores cosas de la actividad fue el discurso de Cristina Fernández de Kirchner, basado en las políticas sociales que se están haciendo en Argentina, y recomendando a los países europeos que no caigan en lo que hizo ese país en los años de Carlos Menem y Fernando De la Rúa.
- ¿Qué importancia tiene para la CSA la Plataforma Continental de Seguridad Social?
- Es el resultado de un proceso de consulta y participación de todas las centrales, que elabora una estrategia común para tener planteos comunes en todos los países americanos. El año que viene se discutirá la protección social en la OIT, y el movimiento sindical tiene que llegar con una posición común, porque el empresariado ha adoptado una posición a nivel mundial, y los gobiernos conservadores también quieren una revisión del convenio 102 de OIT, que nosotros aspiramos a fortalecer, en la línea de lo que han hecho países como Uruguay y Argentina, que lo ratificaron recientemente, y aspiramos a que lo haga este año el gobierno de Paraguay.
- Los últimos datos de OIT y la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre accidentes laborales son alarmantes. ¿Cómo enfrenta la CSA esta situación?
- Insistimos con la necesidad de aplicar la estrategia iberoamericana sobre salud y seguridad aprobada en la cumbre presidencial de Lisboa de 2009, que reconoce los 30 millones de accidentes laborales al año, y las 240 mil muertes anuales (sin contar las enfermedades que se originan en el trabajo). Hay que insistir en que ninguna política de gobierno en materia de salud pública está completa si no mira la seguridad y salud laboral. También hay que marcar que los empresarios son los responsables principales de garantizar esos derechos a los trabajadores, y no como ellos argumentan que es un tema de responsabilidad nuestra. Por ahorrar dinero ellos no dan los medios de protección adecuados y no puede ser que, al derivarlo a la seguridad social, una pérdida de una mano o un brazo se cuantifique en dinero. La vida no tiene precio, y por eso lo mejor siempre es prevenir antes que lamentar o tratar de subsanar con dinero.
- ¿Cuáles países del continente americano son actualmente los más vulnerables en términos de violaciones de los derechos sindicales?
- La falta de libertad de organización y la ausencia de negociación colectiva son situaciones que están muy extendidas en toda América. Eso tiene que ver con la estructura sindical, aquí tenemos tres países del Mercosur (Brasil, Argentina y Uruguay), la organización sindical es por rama de actividad, mientras que en Paraguay sigue siendo por empresa, y eso pasa también en la mayoría de los países de América Latina. Lo que estamos queriendo implementar, a través de un programa de auto-reforma sindical, son cambios en las estructuras sindicales para que la organización le llegue a una gran cantidad de compañeros y compañeras. Por ejemplo, en la legislación paraguaya tenemos que se puede armar un sindicato de empresa con un mínimo de 20 trabajadores, pero la realidad es que la gran mayoría de las empresas tienen menos que ese número, y esos trabajadores están imposibilitados de sindicalizarse. Por eso apostamos a la organización por rama, porque los sindicatos serán más representativos. Después, volviendo a la pregunta, tenemos olas represivas con niveles insospechados, y condenables, en Colombia y Guatemala, donde los asesinatos a dirigentes sindicales son moneda corriente. Y en países como Costa Rica, que a pesar de su reputación democrática, donde la organización sindical en el sector privado es muy difícil, porque la represión es permanente.





