La violencia contra dirigentes sindicales y rurales en el norteño estado brasileño de Pará se cobró una nueva víctima. El referente local de la Federación de Trabajadores de la Agricultura Familiar (Fetraf), Pedro Alcântara, fue asesinado el pasado 31 de marzo de cinco balazos en la cabeza.
Pedro caminaba junto a su esposa cuando fue atacado por dos hombres en motocicleta que todavía no han sido identificados.
El homicidio fue repudiado por el Comando de Combate a las Prácticas Antisindicales, integrado por delegados de las centrales CUT, UGT, Força Sindical, CTB, CGTB y NCST, que se creó en 2008 como una instancia de lucha unitaria.
En ese ámbito participan además órganos de gobierno como el Ministerio de Trabajo y Empleo, el Ministerio Público de Trabajo, la Procuraduría General del Trabajo y la Secretaria Especial de Derechos Humanos, entre otras entidades.
En diciembre del año pasado, el Comando interinstitucional organizó un seminario en Belém do Pará para denunciar las amenazas de muerte contra dirigentes sindicales en esa región, una de las más conflictivas del país.
“Es inadmisible que en una sociedad democrática, las relaciones de trabajo, autonomía y libertad sindical previstas en nuestra Constitución sean flagrantemente incumplidas”, afirman en un comunicado.
El crimen se registró apenas unas horas después de que se supiera que el juicio con el supuesto homicida de la monja estadounidense Dorothy Stang había sido suspendido. La misionera norteamericana fue asesinada en 2005 por pistoleros a sueldo de terratenientes locales, y desde entonces se ha convertido en un símbolo de la lucha por la tierra en Pará.





