El centro de Montevideo fue una fiesta. Cerca de la medianoche del lunes 1 de marzo continuaba el brindis y permanecían en alto las banderas tricolores del Frente Amplio, que estará en el gobierno otros cinco años. José Mujica es el nuevo presidente del Uruguay y miles de personas lo rodearon en la fiesta de transmisión de mando.
La militancia lo acompañó desde el Palacio Legislativo hasta la Plaza Independencia, donde se realizó un espectáculo artístico. Allí Mujica comenzó su discurso saludando a los “amigos de América Latina”, que lo seguían con atención desde las primeras filas. Estaban el boliviano Evo Morales, el venezolano Hugo Chávez, el paraguayo Fernando Lugo, la argentina Cristina Fernández, el brasileño Luiz Inácio “Lula” Da Silva y el ecuatoriano Rafael Correa, entre otros.
También asistieron al acto muchos dirigentes de la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur y de otras organizaciones sociales latinoamericanos, que se acercaron a saludarlo cuando bajó del escenario.
Antes, en su primera oratoria protocolar, Mujica también se había referido a su fuerte apuesta por la integración regional. “Ay, Mercosur. Cuánto amor y cuándo enojo suscita. Hoy estamos en público, no es el momento de hablar de los temas de alcoba. Sólo decirles que para nosotros el Mercosur es hasta que la muerte nos separe y deseamos una actitud recíproca en nuestros socios mayores”, afirmó.
Los latinoamericanos “un poco a los tumbos” han intentado construir mercados más grandes, pero con dificultades, según Mujica. “Hicimos muchos hermosos países pero seguimos fracasando en hacer la patria grande. Nosotros no perdemos la esperanza porque aún están vivos los sentimientos. Desde el río Bravo a las Malvinas vive una sola nación, que es la nación latinoamericana”, agregó.
En medio de la celebración, Mujica compartió su sensación de estar tocando el “cielo con las manos”, pero con la convicción de que a partir de ahora empiezan los “días cansinos del trabajo” que conducirán, de manera inevitable, al “camino del purgatorio”.
Para esa tarea, según el nuevo mandatario, será fundamental apostar a un “gobierno de equipo” en el que tendrá un papel clave el vicepresidente Danilo Astori, que lo acompañó durante toda la jornada.
Mujica se encargó de enviar las primeras señales sobre la impronta que tendrá su administración. Una de ellas fue la invitación para subir al escenario que le hizo a “Pinduca” un trabajador de Artigas, un departamento ubicado al norte del país, a quien conoce desde hace cuarenta años, según dijo.
Lo presentó como un “peludo”, que es como se conoce en Uruguay a los cortadores de caña de azúcar de la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (UTAA), núcleo fundacional del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), al que pertenece el nuevo presidente desde la década del sesenta.
Luego vinieron otras referencias a la integración latinoamericana. Mujica expresó que “los dolores de nuestros hermanos son nuestros, ahí está Chile Roto (así se llama un libro escrito por Eleuterio Fernández Huidobro y Graciela Jorge, sobre los uruguayos detenidos en el Estadio Nacional de Santiago en 1973) con una especie de azote de la naturaleza, ayer fue Haití. Por eso hay que estar unidos para ser solidarios”.
Luego Pepe convocó al “no al odio, no a la bronca, no al escepticismo, no al no se puede, no a ese crónico criticisimo, vamos a comprometernos con la realidad, nada cambia si no cambias vos, el sujeto del cambio sos vos, pueblo querido”. Y cerró contundente: “Tengo derecho a decir que los únicos derrotados son los que dejan de luchar. Viva la Patria, viva América Latina”.





