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LOS TRABAJADORES DE EUROPA Y MERCOSUR DEMANDAN LA FIRMA DE UN ACUERDO SOCIAL Y EQUILIBRADO ENTRE AMBOS BLOQUES
La Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur (CCSCS), el Consejo de Trabajadores del Cono Sur (CTCS) y la Confederación Europea de Sindicatos (CES) se reunieron en Ciudad de México el día 13 de abril de 2004 en el marco del encuentro entre Sociedades Civiles de Europa y América Latina y el Caribe dando continuidad a la reunión mantenida en diciembre de 2003 en Montevideo, con el objetivo de evaluar la marcha de las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea.
Las negociaciones para un acuerdo de asociación entre los dos bloques, después de cuatro años y 12 rondas del comité negociador, estarían culminando en octubre del presente año. Los gobernantes de ambos bloques se vienen manifestando públicamente a favor de dicha asociación: la Comisión Europea y el Parlamento Europeo han declarado que el acuerdo con Mercosur es la gran prioridad de las relaciones exteriores de la UE y en la cumbre de Montevideo del Mercosur, los presidentes se han manifestado en términos también positivos. Sin lugar a dudas, la próxima Cumbre de Presidentes y Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y Unión Europea de mayo en Guadalajara (México) será clave para constatar esa voluntad política.
El aceleramiento del proceso negociador se instala en un escenario regional, continental y mundial marcado por cambios. A nivel de la UE sin lugar a dudas el ingreso de 15 nuevos países tendrá consecuencias no solo a nivel de la articulación interna sino también a nivel de las negociaciones externas de dicho bloque. Por otra parte el Mercosur comienza a dar un giro hacia su profundización en clave estratégica de construcción de una unión económica y política. Finalmente, a nivel global se ha generado una situación de estancamiento en la ronda OMC como consecuencia de un fuerte posicionamiento y articulación de naciones del hemisferio sur que buscan cambiar los ejes de una negociación que hasta ahora ha sido funcional a los países centrales.
El Consenso de Buenos Aires
El actual proceso de relanzamiento del Mercosur, impulsado por los presidentes Kirchner y Lula, y definido en su declaración llamada “Consenso de Buenos Aires” ha empezado a tomar cuerpo en la pasada cumbre de Montevideo, con decisiones como la incorporación de Perú como país asociado, el acuerdo de libre comercio con la Comunidad Andina de Naciones, o la creación de la Comisión de Representantes Permanentes (equivalente al Coreper europeo). El “Consenso de Buenos Aires” define la integración regional como una opción estratégica para aumentar la capacidad de negociación del Mercosur tanto como ante terceros países y bloques, así como en el plano multilateral.
La apuesta por un Mercosur fuerte implica un cambio en las relaciones internacionales de los países del cono sur de América y ello debería acelerar el entendimiento del Mercosur con la UE, ya que pese a la asimetría de sus economías son dos proyectos similares que tienen el propósito de integrar no solo mercados sino también a los pueblos que los componen.
En este marco, la CES, la CCSCS y el CTCS consideran esencial profundizar el proceso de democratización de las instituciones comunitarias de ambos bloques. Después de la introducción de la moneda única y de la ampliación inminente de la UE, la CES apoya (pese a sus limitaciones) la entrada en vigor de la Constitución Europea, y, en la misma dirección la 5ª cumbre sindical del Mercosur –organizada por la CCSCS- trasladó a los presidentes reunidos en Montevideo su apoyo a la creación del Parlamento del Mercosur y otros organismos supranacionales, así como el fortalecimiento de los ya existentes, como el Foro Consultivo Económico y Social.
Sobre la conclusión de las negociaciones
El movimiento sindical europeo y del cono sur nos hemos manifestado reiteradamente a favor de un acuerdo equilibrado y justo que refuerce las relaciones políticas, económicas y culturales entre ambas regiones y que potencie el respeto a los derechos humanos (particularmente los derechos sociales), el empleo digno, el desarrollo sostenible y el conjunto de los valores democráticos.
También hemos reclamado a las autoridades comunitarias de ambos bloques que eliminen mutuamente las trabas proteccionistas que obstaculizan el avance en las negociaciones. En ese sentido el congreso de la CES (Praga, mayo de 2003) se pronunció por una reforma de la política agrícola común que comprenda la eliminación de los subsidios a la exportación de productos europeos.
No obstante esto, las organizaciones sindicales de ambos bloques destacan que los problemas no se agotan ni mucho menos con la reforma de la política agraria comunitaria. Si hay algo que caracteriza a la actual fase de la globalización es la exacerbación de las asimetrías y la brecha entre los países subdesarrollados y aquellos altamente industrializados. En este sentido, se acrecienta día a día el deterioro secular de los términos de intercambio entre los productos naturales con baja generación de empleo y renta que los países del cono sur de América pueden exportar, y los productos altamente industrializados que tienden a importar, productos que son obviamente los más dinámicos en el comercio mundial por ser intensivos en conocimiento agregado al proceso de producción.
Esta inserción subordinada y periférica de América del Sur a la economía mundial, producto del histórico rol de sus economías en la división del trabajo internacional, ha tenido consecuencias devastadoras en el incremento del desempleo, la pobreza y la disgregación social.
Es en este sentido que nuestras organizaciones sindicales reclaman a los gobiernos de la UE y del Mercosur la necesidad de llevar el acuerdo mucho más allá de lo meramente comercial con el objetivo de resolver los problemas del crecimiento sostenido con equidad social. En esta visión es tan indispensable para nosotros la no inclusión en la agenda de los llamados temas de Singapur por la alta potencialidad de actuar como freno del desarrollo de los países del Mercosur, así como que es insoslayable incluir en el acuerdo bloque-bloque:
• La posibilidad de utilización por parte de los países subdesarrollados de instrumentos para el desarrollo de política industrial.
• La elección de prioridades productivas bajo el concepto de complementación productiva intraindustrial que no reproduzca entre ambos bloques el histórico esquema capitalista centro/periferia.
• La cooperación tecnológica y científica entre ambos bloques al servicio del desarrollo sostenible con equidad social.
• La inclusión de las pequeñas y medianas empresas en el proceso de reestructuración productiva.
• La apertura de líneas de crédito y financiamiento para emprendimientos productivos altamente generadores de empleo.
• El estricto control en materia de inversiones por parte de los estados. La inversión europea en América Latina ha sido muy fuerte en la década de los '90, pero lejos de haber sido una inversión generadora de empleo y de nuevas líneas de producción se ha concentrado en el proceso de privatizaciones llevado adelante por los gobiernos neoliberales de la región y ha sido en consecuencia generadora de desempleo y de apertura de un proceso de redistribución de renta negativa en beneficio de los países centrales y en perjuicio de la periferia.
Es en este sentido, y ante las próximas e importantes citas de alto nivel entre el Mercosur y la Unión Europea, que queremos urgir a los gobiernos de los países que integran ambos procesos a que en el proceso de las negociaciones se incluyan los aspectos mencionados a fin que el acuerdo refleje realmente una verdadera asociación integral: económica, social, política y cultural.
Una verdadera asociación política con dimensión social
Asimismo, pedimos a los gobiernos europeos y del Mercosur que en el acuerdo interregional se profundice el diálogo social y se comprometa la aplicación de las normas internacionales de trabajo y en especial la declaración de principios y derechos en el trabajo de la OIT de 1998.
Que se reconozcan y se apliquen como instrumentos de promoción social los documentos laborales ya adoptados en sus ámbitos, la carta de derechos fundamentales de la UE y la Declaración Sociolaboral del Mercosur. En este sentido la CCSCS, la CTCS y la CES están en etapa de culminación de un capítulo a integrar al acuerdo Mercosur-UE que contenga un Capítulo Sociolaboral. Dicho capítulo será entregado a los gobiernos nacionales y las autoridades de ambos bloques en el mes de junio en ocasión de la ronda de negociación a realizarse en la ciudad de Buenos Aires.
Asimismo, la voluntad manifestada por las instituciones de ambas regiones de dar participación activa a la Sociedad Civil debe materializarse fortaleciendo los órganos existentes y complementándolos (como se dice en el “Consenso de Buenos Aires”) y en ese sentido es necesario dotar al Foro Consultivo Económico y Social del Mercosur de mayores medios y competencias para que junto a Comité Económico y Social Europeo, puedan representar eficazmente al conjunto de la Sociedad Civil en la futura Asociación Mercosur-Unión Europea.
Por otra parte, es preciso que las instituciones comunitarias den su apoyo al Forum Laboral UE-Mercosur para que las organizaciones sindicales cuenten con un instrumento (como ya tienen los empresarios a través de Forum Empresarial) eficaz y reconocido para hacer llegar las demandas específicas de los trabajadores y para contribuir a su formación en los temas de integración y diálogo subregional.
Finalmente, destacar que los cambios operados en el panorama político internacional con la profundización del Mercosur, el Consenso de Buenos Aires, el acuerdo entre el Mercosur y la Comunidad Andina de Naciones, y la unidad de 22 pueblos y gobiernos de países dependientes en ocasión de la última ronda de negociaciones de la OMC en Cancún, reafirman no sólo que se diseña un nuevo escenario a nivel mundial, sino también lo acertado de los lineamientos estratégicos que nuestras organizaciones vienen impulsando desde los últimos años. Es en este cuadro general que se eleva la responsabilidad que organizaciones sociales y gobiernos tenemos en el proceso de transformación de una realidad tan injusta para millones de mujeres y hombres.
Como en tantas otras ocasiones el movimiento sindical organizado estará a la altura de las circunstancias. Esperamos lo mismo de nuestros gobiernos.
13 de abril de 2004
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